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Por kerman, el julio 24th, 2010%
El Gobierno vasco estudia alternativas para salvar el caserío de Txurdinaga
El Departamento de Transportes y Vivienda del Gobierno vasco ha comenzado a estudiar alternativas para intentar salvar del derribo el caserío Etxezuri de Txurdinaga. La parcela que ocupa el inmueble fue expropiada en 1962, aunque sólo se utilizó un 20% del terreno y sus moradores siguieron viviendo en la casa con normalidad. No fue hasta hace unos pocos años cuando tuvieron noticia de que el Ejecutivo autonómico preparaba un plan en el solar para construir 426 pisos, en su mayoría sociales. Una iniciativa pública que todavía hoy implica la demolición del inmueble para dejar paso a un nuevo acceso a la calle Zabalbide.
Ayer, un portavoz de la consejería dirigida por Iñaki Arriola declaró a este diario que los servicios técnicos del Gobierno vasco se han puesto ya en contacto con sus homólogos en el Ayuntamiento de Bilbao para tratar de buscar una solución al problema de la familia Lanzagorta. «Se ha empezado a trabajar para intentar cambiar el proyecto y evitar así el derribo», manifestó. «Parece que puede ser posible hallar una salida, desde el punto de vista técnico», añadió.
Con esta medida, el Departamento de Transportes y Vivienda responde a la carta enviada el pasado lunes por la teniente de alcalde y concejal de Urbanismo en la capital vizcaína, Julia Madrazo, quien reclamaba un esfuerzo a la institución autonómica para ejecutar el plan residencial pero sin afectar al viejo edificio, de 200 años de antigüedad y que durante décadas funcionó como un txakoli donde las familias degustaban caldos y comían tortillas de bacalao.
En la misiva, Madrazo se mostraba convencida de que puede haber una solución técnica que permita compatibilizar los intereses de los vecinos afectados y los de la consejería. «La iniciativa no choca con el caserío y sólo afecta a una esquina del terreno», apuntó la edil, que se ofreció para mediar en la problemática.
La familia Lanzagorta se mostró ayer «emocionada» por la cantidad de muestras de solidaridad que han recibido en las últimas horas. El propio alcalde de la villa, Iñaki Azkuna, visitó el martes el inmueble y se interesó en persona por la situación de Tomás y Carmen, los octogenarios que allí viven y cuya última voluntad es poder pasar el resto de su vida en el que ha sido siempre su hogar.
Euforia contenida en la familia
Un portavoz de la familia valoró ayer muy positivamente el camino emprendido tanto por parte del Consistorio como del Gobierno vasco. «Éramos muy pesimistas, pero la disposición que hemos visto en ambas instituciones nos ha inyectado una buena dosis de moral», reconoció. No obstante, el portavoz de los Lanzagorta apeló a la cautela y pidió ir paso a paso: «Sabemos que esto no se va a solucionar de la noche a la mañana y seguiremos trabajando para intentar que todo este viento a favor nos conduzca a buen puerto».
La misma fuente quiso mandar un mensaje de agradecimiento a los vecinos, asociaciones de residentes y ecologistas que han firmado un manifiesto de apoyo para intentar salvar el Etxezuri por su valor artístico, histórico y sentimental para el barrio de Begoña.
EL CORREO
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Por kerman, el julio 22nd, 2010%
El Ayuntamiento pide al Gobierno vasco que no derribe el caserío de Txurdinaga
Tomás y Carmen, el matrimonio de octogenarios que reside en un caserío centenario que está abocado al derribo en Txurdinaga para dejar paso a la edificación de 426 viviendas, recibieron el pasado martes una visita inesperada en su hogar. El alcalde, Iñaki Azkuna, y la concejal de Urbanismo, Julia Madrazo, llamaron a la puerta del viejo Etxezuri para conocer de primera mano el problema de la familia Lanzagorta, que a corto plazo podría ser desalojada, así como la historia del inmueble.
De la visita del primer edil y su socia de gobierno poco ha trascendido. «Ahora somos algo más optimistas», se limitaron a señalar ayer fuentes de la familia. Lo que sí hizo público Madrazo es su convencimiento de que hay «alternativas desde el punto de vista técnico» para evitar la demolición. Así se lo ha hecho saber al Ejecutivo autonómico a través de una misiva, en la que pide a la Consejería de Transportes y Vivienda que estudie una modificación puntual en uno de los accesos que colisionan con el inmueble. «En mi opinión, es viable cambiar el proyecto y sortear el derribo», valora la dirigente de Ezker Batua.
El caserío, un viejo txakoli de 200 años de antigüedad, donde durante décadas se acudía a degustar el caldo y a pasar un día de campo, fue expropiado en 1962 para permitir la construcción de una carretera. Pero sólo se ocupó el 20% de la parcela, por lo que los moradores del edificio continuaron su vida con normalidad. No repararon en la gravedad de la situación de su propiedad hasta que el Gobierno vasco impulsó, hace sólo unos años, el proyecto para levantar casi medio millar de pisos, la mayor parte de ellos de protección oficial. Entonces iniciaron una batalla legal que terminó en el Tribunal Supremo. Los magistrados estimaron que el terreno pudo ser injustamente expropiado, pero advirtieron de que el plazo para revertir la decisión había prescrito.
Desde que, el pasado domingo, EL CORREO publicara la noticia de la situación del txakolí de Txurdinaga, decenas de personas se han solidarizado con los Lanzagorta. Y el propio Azkuna, tal y como invitaba el articulista de este diario Miguel Gónzalez San Martín, ha accedido a visitar el lugar y se ha entrevistado con los dueños.
Valor artístico y sentimental
La resolución judicial ha abocado a la familia a un desalojo inminente. Sin embargo, lejos de rendirse, los allegados de Tomás y Carmen se centran ahora en el valor histórico, arquitectónico, artístico y sentimental del caserío para tratar de salvarlo de las excavadoras. Los últimos meses han sido muy duros. «Éramos muy pesimistas», reconocieron ayer fuentes cercanas a la familia. «Sin embargo, la visita de Azkuna y de Madrazo nos ha infundido cierto ánimo. Sabemos que esto no se va a arreglar de la noche a la mañana, pero vemos que hay buena disposición por parte de las instituciones», añadieron las mismas fuentes.
Pese a todo, los Lanzagorta no tiran las campanas al vuelo. Son conscientes de que tienen un difícil camino por delante. «No todo depende del Consistorio», apuntan. «Vamos a presentar alegaciones, el plazo expira a principios del mes que viene y estamos recabando apoyos ciudadanos», precisaron. «Lo que más nos empuja es que sabemos que hay una base real, que este txakoli fue importante y que tiene un valor evidente para el barrio de Begoña y sus gentes. El intento por salvar el edificio no es ninguna utopía».
Julia Madrazo, por su parte, se ofreció ayer para mediar ante la Consejería de Vivienda del Gobierno vasco. «Hemos mandado ya una carta y estamos dispuestos a colaborar en la medida de lo posible para solucionar este asunto», manifestó. En este sentido, la edil de Urbanismo insistió en que el plan del Ejecutivo autonómico «no choca» frontalmente con el caserío. «Sólo afecta a una esquina del terreno», precisó. «Los técnicos municipales lo están estudiando y creemos que puede habilitarse un acceso alternativo hacia la calle Zabalbide, minimizando su impacto».
Entretanto, Camen y Tomás siguen esperando en su casa a que la situación se solucione. Su único deseo es poder morir entre las paredes que han pertenecido a su familia desde 1920. Y su mayor alegría es ver cómo sus hijos, sobrinos y demás allegados luchan para que se pueda cumplir su última voluntad.
EL CORREO
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Por kerman, el julio 19th, 2010%
NOTICIA EN EL CORREO
«A mí, si me quitan de esta casa, me matan». A sus 88 años, Tomás Lanzagorta no recuerda la vida fuera del caserío Etxezuri de Txurdinaga. Una construcción con más de 200 años de antigüedad que se ha convertido en historia viva del origen del barrio y cuyo futuro está en peligro. El Gobierno vasco prevé edificar en la parcela donde se asienta una promoción de 426 viviendas protegidas y libres. Y el proyecto contempla el derribo del edificio, algo que la familia quiere evitar a toda costa. «Porque mis padres no se imaginan la vida en otro lugar y porque se trata de un patrimonio histórico artístico de primer orden: el último exponente del caserío neoclásico que primaba en esta parte de Bilbao en el siglo XIX», asegura su hija Miren.
El arraigo familiar en el inmueble es casi centenario. Faustino Leguina lo compró en 1920. Allí nació Carmen, que siempre ha vivido entre vides y árboles frutales. Incluso después de casarse con Tomás. El viernes, el día de su santo, también celebraba su 83 cumpleaños entre el calor de sus familiares y la angustia ante el futuro.
«Yo he vivido aquí como una princesa, aunque sólo ahora lo comprenda», recuerda Miren. Llegó a ver las colinas verdes de Txurdinaga, libres de asfalto y cemento. «Apenas había caseríos dispersos, salpicados de huertas y animales», recuerda. «Nosotros plantábamos hasta 60.000 lechugas», puntualiza su padre.
Faustino abrió allí el Txakoli Legina en 1924. Su casa «era la de todos». «La gente de Begoña, Santutxu y Bolueta traía tortillas y nos compraban las jarritas de txakoli». Y ensaladas y cazuelitas de bacalao, una receta en la que su madre es «una de las mejores». En 1962, sin embargo, el caserío sufrió un varapalo que pareció quedarse en nada pero que, a la postre, puede acabar reduciéndolo a escombros. El Ministerio de Vivienda expropió los terrenos, edificio incluido, para acometer el ensanche de Txurdinaga. «Pero sólo nos quitaron suelo para la carretera», explica Tomás. El 20% de los 20.000 metros cuadrados de la propiedad.
Así que ellos siguieron con su vida, Txakoli Legina incluido hasta 1980. Y no se preocuparon de los aspectos legales hasta conocer los planes urbanísticos del Gobierno vasco. Ahora el Tribunal Supremo les ha dicho que no tienen nada que hacer. «Reconocen que la expropiación de toda la parcela pudo ser injusta, pero que ha prescrito el plazo para revertir aquella decisión». Siga leyendo La última batalla de Carmen y Tomás
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Por kerman, el enero 23rd, 2010%
Bizitegi y el Ayuntamiento pactan una salida al conflicto de Txurdinaga
La polémica se aleja del barrio bilbaíno de Txurdinaga después de tres meses de protestas en la calle y reuniones que acababan en desencuentro. El centro de día que estaba en el punto de mira de todos, dedicado a atender a personas sin hogar, no llegará a abrir sus puertas si se cumplen las condiciones que ayer pactó el Ayuntamiento con la asociación Bizitegi. La agrupación está dispuesta a renunciar siempre que se garantice un refuerzo de la asistencia a los 'sin techo' y un uso social para el local de la calle Fernando Jiménez que está en plena reforma.
Las obras están casi terminadas, a falta de quince días, y Bizitegi tiene los permisos necesarios para abrir. Pero sobre el proyecto Onartu pesa la losa del rechazo vecinal y de todos los grupos políticos municipales, que consideran que la ubicación elegida, en unos soportales y cerca de dos colegios, no es adecuada para un centro de estas características, al que acudirían personas con alcoholismo y otras adicciones. Siga leyendo NOTICIA EN “EL CORREO” SOBRE BIZITEGI”
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Por kerman, el enero 21st, 2010%
EL RINCON DE PÉREZ
Si, soy muy pesado con esta calle… pero es que paso mucho por ella. Y veo todo lo que pasa…
Y me sorprendió cuando levantaba la cabeza (por cierto estaba lloviendo) pero lo vi muy claro… el estado de los edificios…
No soy arquitecto, ni aparejador… es mas… no se hacer ni un castillo de naipes, pero si se cuando algo esta en mal estado… sin tenerle que ver el moho.
Así que yo le echaría un vistazo… o mas que yo… contrataría a unos profesionales…
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Por tomas, el noviembre 12th, 2009%
Aun a riesgo de que mi(s) lector(es) me monte(n) una manifestación analógica con pancartas bilingües frente a esta sede digital (un ordenador y dos latas de Coca Cola vacías) y barriobajera, incido en el asunto de la marginación pordiosera, dejando para mejor ocasión el detalle de mi preparto, parto y postparto que tanta expectación había creado.
Carta a Joseba, comentarista del artículo anterior (el 31)
Estimado Joseba, ¿me conoces? Lo pregunto porque desde tu declarada aversión a la simpleza y al insulto, me tildas de persona con muy mala leche, de mucho carácter, ácida, a quien “la libertad de expresión chirría en los oídos” y que se encuentra con serias dificultades para hacer amigos. De corazón te lo digo, Joseba, preferiría que me hubieras llamado subnormal. Por otro lado insinúas que mi verdadera intención al opinar acerca del tema SPAN (Sí Pero Aquí No) de candente actualidad en Txurdinaga no es otra que la de conseguir lectores. Reconozco que aquí has dado en el clavo: mis artículos mensuales en la web local del barrio de Otxarkoaga no persiguen otro objetivo que convertirme en una persona mundialmente famosa. Siga leyendo Desde Otxar, con amor (32) Sigue lo del Bizitegi
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Por tomas, el noviembre 6th, 2009%
Me veo obligada a interrumpir mis caóticas confesiones porque se me han hinchado los ovarios observando la respuesta de mis fronterizos vecinos de Txurdinaga ante la próxima apertura de un centro de ayuda a los sin techo. Vaya por delante que no pienso disculparme por el lenguaje utilizado.
Cuando digo “ovarios” no pretendo decir “mismísimos”, sino ovarios, que les aseguro a ustedes que se me están poniendo al rojo vivo. Yo me los imagino como dos bolas de billar, ideales para machacar cabezas huecas. Cuando digo “respuesta” quiero decir “mugidos”, o más bien “balidos”. Cuando digo “fronterizos vecinos” debería decir “vecinos límite”. Cuando digo “Txurdinaga” me refiero a ese barrio pijo, chulito, privilegiado, desde donde nos miran los nuevos riquillos como si estuviéramos apestados. Cuando digo “próxima apertura” cruzo los dedos porque cuando la marea de la intransigencia se pone en marcha es capaz de arrasar con todo lo humano. Cuando digo “centro de ayuda” agradezco la existencia de seres humanos como los componentes de la Asociación Bizitegi, empeñados en demostrarnos, en contra de toda evidencia, que las personas nos queremos las unas a las otras. Y, por fin, cuando digo “los sin techo” me indigno contra la sociedad que ha hecho posible tan cruel marginación en el seno mismo de nuestro bienestar. Siga leyendo Desde Otxar, con amor (31)
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