LA VIZCAÍNA DE CORAZÓN CATALÁN

Entro en una de las habitaciones del quinto piso, el dedicado
especialmente a los enfermos de cuidados paliativos. El
lugar es coqueto, tiene un espacio para dos camas y un pasillo
amplio, como para poder estar sentado tranquilamente en
un sillón que se encuentra al fondo. Al otro lado de la habitación,
un gran ventanal permite que penetre la potente luz
del mes de julio en el que nos encontramos. En la cama más
cercana a la puerta de entrada me encuentro con una mujer
cariñosa, acogedora, de rostro apacible, con algo entrañable
en su mirar, que se me queda registrado inmediatamente. Estrecho
mi mano con la suya y a una con ello, nos saludamos
por el hermoso día que ahora comenzamos. Ella se llama Felisa
y cuenta ya sus años por lustros, 17; con una voz entrecortada,
me va diciendo que se encuentra débil y con pocas
ganas de nada. Intento acercarme a su realidad, tan limitada.
En un momento, y con gran calma, empieza a relatarme
que su vida ha sido muy dura, llena de desengaños, lo que le
llevó a trasladarse, hace ya más de 50 años, lejos de Bilbao, a
Barcelona, y que allí se hizo una catalana más.
Al oír que ha vivido en Barcelona, tras dejarle que se exprese
tranquilamente, se me ocurre cantarle una canción que
se me metió hasta lo más profundo del corazón en aquellas
Trobadas de Joves (encuentros de jóvenes), que realizábamos
en Montserrat en los tiempos en que Franco todavía vivía y
yo era muy joven ¡todavía!
La canción es un canon que me trae al recuerdo momentos
tan preciosos vividos entonces y que nunca olvidaré. Dice así:
Cada día surt el sol i tot recomença
i la fosca de la nit amb força hem de vencer.
Tots volem un mon millor, on i brilli la claror
Res non pot fer por.
?

Que traducido al castellano viene a decir:
Cada día sale el sol y todo vuelve a comenzar
Y la oscuridad de la noche con fuerza hemos de vencer
Todos queremos un mundo mejor, donde brille la claridad
Nada puede causarnos temor.
Me quedo callado tras terminar el canto y veo que Felisa
abre unos ojos grandes, azul claro, hermosos y con una voz
entrecortada no cesa de darme gracias. También para ella,
esta canción guarda preciosas resonancias de su vida.
No puedo por menos de darle un beso en la frente y sentirme
así, unido a alguien a quien acabo de conocer y que
pronto dejaré de ver para siempre.
En días sucesivos voy haciendo lo mismo cada vez que me
acerco a Felisa. Le cojo de la mano y le canto la canción. Voy
viendo que conforme pasan los días, los gestos que Felisa me
dirige van teniendo menos fuerza. Al final, ya ni abre los ojos.
Pero yo no dejo de cantarle esta canción y de darle mi beso
de amistad y de unidad con ella, que ya se nos va.
Un viernes descubro que ya no está, ya nos ha dicho adiós
para siempre, porque se nos ha ido a “un mundo mejor
donde brilla la claridad”.

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