VIEJOS AMIGOS

Hace mucho calor en este último día de verano en Bilbao.
Hasta las faldas del monte donde está situado nuestro hospital
se ven fuertemente iluminadas por la luz que ya ha roto la
niebla de la mañana. Pero este calor trae consigo un inconveniente
y es el referente a la ubicación de las habitaciones;
casi todas ellas emplazadas en dirección Sur. El calor que se
siente en las habitaciones hoy es excesivo y eso lo notamos
todos. Pero a quienes más afecta es a las personas que se encuentran
enfermas. El estar más o menos sano supone el
tener arrestos para afrontar esta situación, que en algunos
momentos se hace difícil de soportar.
El 5º piso es el que más calor soporta y eso hace que muchas
de las habitaciones tengan las persianas bajadas hasta su
límite y las ventanas abiertas, con el fin de conseguir un poco
de aire en este entorno.
Entro en una de las habitaciones, que se encuentra prácticamente
a oscuras y en ella me encuentro con Antonio, un
viejo amigo; viejo, porque estuvo con nosotros hace ya dos
años, aunque por edad es todavía joven, 51 años. Irene, la
psicóloga y amiga que siempre me pone al tanto de la situación
en que se encuentran los enfermos y familiares de la
planta, ya me había puesto al corriente de la llegada de Antonio.
A partir de ese momento de la información he empezado
a albergar un sentimiento de duda de si este amigo
se acordará de mí. ¡Cuál ha sido mi alegría al observar que
todavía me recuerda y me sonríe, saludándome como un
viejo amigo que es!
Empezamos a recordar lugares comunes, su pueblo, Melide
(allí en la dulce Coruña) de donde es él y en el que he recalado
en mis peregrinaciones en bici a Santiago; su barrio de
Masustegi (un pequeño enclave de Galicia en Bilbao, en
donde hasta el cura es gallego y ejerce como tal).
Cada vez que voy a verle, su sonrisa me deja contento,
pues veo que aunque la enfermedad está presente en él, no es
lo suficientemente dura como para acabar con la alegría de
este amigo mío.
El dolor de cabeza que tiene, producido por el tumor que
alberga en ella, le dura mañana, tarde y noche, pero él se encuentra
contento y agradecido al equipo médico y auxiliar
que con tanto cariño y profesionalidad le atienden

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