DOMINGO DE RAMOS

Subo al hospital en taxi. Hoy es día de fiesta y quiero estar
presente en la celebración. Me encuentro con Carmen, mi
compañera de equipo, y sus hermanas de comunidad –unas
mujeres muy entrañables, sobre todo Carmen, a la que más
conozco–. Ellas se encargan de la preparación de todo lo relacionado
con la celebración y yo voy recorriendo los pisos y
habitaciones, para dar la comunión a las personas que, estando
imposibilitadas para salir de la habitación, desean recibir
al Señor. Aprovecho para saludar también a las personas
que se encuentran en las mismas habitaciones, aunque no deseen
comulgar. Quiero acercarme a todos los enfermos y enfermas
y mostrarles así que son queridos también para el
Señor. Me siento muy a gusto en esta misión, pues creo que
el compartir su situación, en la medida de lo posible, es profundamente
humano y por lo tanto cristiano. Aquí me siento
en mi lugar.

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