Antes que nada…

 

          Antes que nada permítanme que no me disculpe por haberles dejado abandonados tanto tiempo. Y si no me disculpo no es por chulería –que también- sino porque considero que lo que me ha mantenido súper ocupadísima durante todo este tiempo es de tal importancia que justifica mi prolongada ausencia de este foro. Me explico. ¿Qué dirían ustedes si les contara que me encuentro a punto de descubrir un sistema para leer el pensamiento? ¿Qué les parecería conocer a voluntad lo que está barruntando una persona determinada? ¿Estupendo, verdad? ¿Y si la persona de quien se desvelaran sus íntimos intríngulis fuera usted misma? ¿Terrorífico, no es cierto? Pues en esas ando, me lo crean o no.
 
Creo que ya demostré en anteriores entregas mis más que sobradas capacidades como investigadora puntera. Recuerden cómo logré construir un adminículo que me permitía seguir las conversaciones de la gente en la calle. Hagan memoria. Eso conseguí, ni más ni menos, con tan sólo la ayuda de las sisas masivas que perpetré sobre el hombre, mi antiguo cohabitante, y a pesar del incordio permanente de una niña de corta edad que dice que es mi hija tan sólo por haber surgido de mis entrañas. Pero esto es un tema al cual de momento no me apetece volver. Vayamos a lo nuestro.
 
Digo que me hallo en fase investigatoria de una manera de conocer los pensamientos de los demás. Soy la repanocha, ¿verdad? Si en esta vida todo consiste en no ponerse límites… En fin, ya les iré contando… De momento lo que he conseguido son cosas bastante raras. Por ejemplo, al intentar escogorciar los mirlinchones megalúricos por enésima vez, se me cayeron los arandones al suelo, produciéndose un chispazo volátil de tal calibre que iluminó la terrera, y no solamente la iluminó, sino que la llenó de sonidos emepetrésicos que, convenientemente almacenados y translatidos, pienso exponer a continuación y a su gentil parecer. Creo que es algo así como un programa de radio jamás emitido (eso lo he comprobado hablando con mi prima) aunque quizás por emitir en un futuro. La cosa es que lo capté, sin queriendo, pero lo capté. Y lo que capté fue lo siguiente:
 
 
Vamos a hablar con una persona… cuando menos peculiar… que tengo delante de mí en estos momentos… Y de la cual se podrían decir muchas cosas, pero prefiero que se presente ella misma. Adelante, por favor, preséntese
 
¿Eeehhh?
 
Que se presente, hombre. Diga su nombre, salude. Diga buenos días
 
Buenos días, soy la reina de Otxarkoaga
 
¡Jjjjuumm! Ejem…
 
¿Lo he dicho mal?
 
No, no… pero… ¿habla usted en serio?
 
Completamente. Soy la reina de Otxarkoaga. ¿Qué pasa?
 
Nada, nada. Simplemente que a las reinas yo me las imagino con corona. ¿No se la habrá dejado en casa encima de la tele?
 
Bueno, bueno, menos choteo que yo he venido aquí a buenas
 
Claro, claro. Y usted es la reina de Otxarkoaga
 
Bueno… Exactamente no. Pero es por darme a valer
 
¡Acabáramos! A ver, a ver, explíquese, por favor, que tenemos a toda la audiencia pendiente de sus palabras
 
¿La audiencia?
 
Sí, mujer. Esa que acaba de desayunar y necesita que le alegremos la vida
 
Pues no estoy yo para muchas alegrías
 
A ver, a ver, acabe de explicarse, por favor
 
Voy, voy, no me atosigue. Pues es que soy la reina de Otxarkoaga porque me da la gana y porque últimamente se me critica mucho y ya está bien de decirme esto que si lo otro y ya me he cansado y pa chula yo porque… ay, ay, ay, como diga todo lo que yo me sé…
 
Un momento, un momento, haga el favor. Lo primero que deberíamos explicar a la audiencia…
 
¿A la que está desayunando?
 
No… Sí, sí, a la que está acabando de desayunar…
 
Yo le mando un saludo
 
¿A quién?
 
A la audiencia. Y que no se deje de influenciar
 
No se preocupe. La audiencia es muy inteligente
 
¿Y qué desayuna?
 
¿Quién, la audiencia?
 
Claro, me está cayendo bien y quiero saber yo de qué se alimenta, por si tiene unos buenos hábitos, que a mí, digan lo que digan, me va mucho lo natural, el chorizo sano y eso
 
¿El chorizo sano?
 
Sí, y las lentejas, y el esturión de mercado. Dicen que soy rara
 
¿Quién, la audiencia?
 
No, la audiencia, no, que no la conozco. ¿Qué es lo que desayunaba?
 
¿La audiencia?
 
Claro
 
No lo sé, supongo que pan con aceite
 
No me lo creo yo eso
 
¿Por qué?
 
Porque esos dicen muchas pero luego siempre le dan a la tostada con mantequilla y mermelada
 
Ehhh. Bueno, bueno, vamos a centrarnos…
 
Claro, porque luego dicen que se ponen gordas y no les cabe la falda
 
Bien, bien, pero un momento por favor
 
Si es que… Usted dirá
 
Quedamos en que es usted la reina de Otxarkoaga, pero un poco para defenderse de ciertas críticas recibidas
 
Muy ciertas
 
¿Qué le han dicho, en realidad?
 
¿A mí? A la cara, nada. ¿Ve usted esta cara?
 
Sí, sí, y ahora que lo pienso, la audiencia tiene que estar algo confusa con su manera de hablar
 
Es lógicos
 
Porque, queridos oyentes, querida audiencia…
 
Perdone señor, a la audiencia ya me la ha presentado, pero a los oyentes, no. ¿Le importaría decirme qué desayunan ellos? Es por lo de saber de qué lado están, sabe, que es que aquí hay mucho mindirrundi…
 
¿Mindirrundi ha dicho?
 
Sí, y me confirmo en ello
 
¿Se reafirma?
 
También. ¿Qué desayunan?
 
¿Quién, la audiencia?
 
No, los mindirrundis esos de los oyentes
 
Ah. Pues no lo sé, de verdad, señora, a lo mejor se toman un cafelito sorbido
 
Eso me parecía a mí
 
¿Por qué…? No, no, déjelo, que tenemos que explicar a… a… a ya sabe usted a quién, lo de su voz
 
Me parece correctos
 
¿Correctos? Ah, sí. Sigo. Resulta, queridos… ehhh…
 
La audiencia y los oyentes
 
Eso, querida audiencia y queridos oyentes, deberían ustedes saber que esta voz humana que aquí están escuchando hablando conmigo…
 
Gracias
 
¿Perdón?
 
Gracias por lo de humana. Me gusta que me digan humana, que no como otras, que…
 
Luego, luego nos lo comenta, querida. Decía que esta voz de esta… exquisita persona no se corresponde con la persona en sí. Es decir… Creo que me estoy contagiando de su manera de hablar
 
¿De quiena manera de hablar?
 
Nada, nada. Se lo explicaré rápidamente. La voz que escuchan ustedes corresponde a la voz de un hombre porque la señora que tengo enfrente en estos momentos y que, les aseguro a ustedes que es una señora con todas las de la ley…
 
Muchas gracias
 
¿Por lo de señora?
 
No, por lo de la ley
 
Ah. Sigo, sigo. Esta voz que escuchan ustedes hablando conmigo es una voz falsa, una voz distorsionada, una voz que no se corresponde con la de su emisora
 
¿Emisora favorita?
 
¿Eh? No, no, permítame seguir, que enseguida acabo…
 
Déjeme, déjeme a mi, que se está haciendo usted un lío, parece mentira. Que resultas que mi prima la ingeniera me ha prestado un parato que hablas por un agujerito y sale una voz que es otra, que no es la tuya, y tú puedes elegirla. Yo me he elegido ésta porque no sé manejar bien el parato este. Que no se crea, que ya sé que se dice aparato, pero es mucho más feo un aparato que un parato, a mí me va a contar, que buena discusión tuve con lo de las ceras..
 
¿Las ceras de depilar, las de pulir el piso…?
 
No, las ceras de las aceras, por donde va la gente andando
 
Ah, las aceras
 
Claro, por donde suben a veces las amotos, que ya sé que se dice motos, pero no te pongas a comparar. Que, le voy a decir la verdad, yo no soy ingeniera como mi prima, esa que escribe en el periódico de Otxarkoaga, una perdida, por cierto, pero he acabado todos los estudios y tengo el título
 
¿Qué título?
 
El de peluquera
 
Ah, bien, bien, ya vamos entrando en materia. ¿O sea que usted es peluquera, no?
 
Hombre, claro. ¿O que no se acuerda usted de lo del anuncio?
 
¿El anuncio? ¿El anuncio de la peluquería Reina? ¿Y ésa es usted? ¡Acabáramos!
 
Claro que soy el anuncio, oiga, que ya lo he pagado. Pero como usted se lía a preguntarme cosas, yo qué quiere que le diga, pues la verdad, a mí me vinieron con unos chismes que no se los puede ni imaginar, pero a mí no me saca de mis casquillas nadie, pero nadie nadie, que he montado la peluquería yo solita y yo solita le voy a cambiar el nombre. ¿Viene ya el anuncio?
 
Cuando usted quiera, pero deprisita, por favor
 
La peluquería Reina se llama ahora la peluquería la reina de Otxarkoaga. Y al que le pique, que se escueza
 
¿Ya ha acabado el anuncio?
 
Si no tiene usted más preguntas… ¿Le ha quedado todo claro?
 
Clarísimo, clarísimo. Pues nada, hasta luego, encantado
 
Sí, sí, lo mismo. ¿Puedo despedirme de la audiencia?
 
Eehh, bueno, mejor otro día, no creo que sea el momento…
 
No tardo nada. ¡Audiencia, a la tostada hay que echarle menos mantequilla!
 
Muy bien, muy bien. Adiós, adiós
 
Que no vale luego quejarse de otras…
 
Despedimos esta sección de anuncios locales con una música de…
 
¿Qué música va a poner usted?
 
Angelitos negros, de los Rolling Stones. ¿Le gusta?
 
Bastante. ¿Me puedo quedar?
 
No, mejor lo escucha en casa, porque tenemos otra visita. Adiós, adiós
 
(“Got a sweet black angel…”)
 
¿Visita de quién? Ya me voy, ya me voy
 
¿Señora, no se da cuenta de que esto tiene que seguir?
 
Claro, claro, pero… anda, mire ¿me deja un momento el periódico?
 
Sí, sí, pero más bajito…
 
(“Got a pin up girl…”)
 
Mire, mire…
 
¿Qué quiere?
 
Tiene que leer esto
 
¿Cómo dice?
 
Esta noticia del periódico…
 
Pero señora, esto no es…
 
No se preocupe, que le pago
 
¿Cómo que me paga?
 
Como si fuera un anuncio, lea, lea
 
¿Cómo un anuncio? ¿Cuánto hay que leer?
 
Esto sólo
 
A ver. Bueno, cuando acabe la canción
 
(“free the sweet black slave”)
 
Y leemos un último anuncio…
 
Dígalo bien
 
¿Eh?
 
El señor va a leer el argumento de Yo soy Bea de el otro día, para que se entere bien la gente
 
Eso es. Leo a continuación. Yo soy Bea. 18:00. Telecinco. A pesar de las primeras tensiones con sus futuros suegros, Noelia consigue por fin lo que se proponía y llega al juzgado con Roberto para casarse, pero su vocación de escritor termina siendo más fuerte que el amor por Noelia.
 
Muy bien leído
 
¿Ya está?
 
Para que se enteren. Y ahora sí que me voy. Adiós. Gracias. Aquí le dejo el dinero.
 
Adiós, adiós, adiós. Buf. Se ha ido de verdad. Menudo personaje. En fin. Creo que todos necesitamos un pequeño respiro…
 
 
¿Interesante, verdad? ¿No les parece? Pues no haber leído hasta el final, no te digo…
 
Alberto Arzua

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