¡EN EL HOSPITAL NO SE TRABAJA!

Es importante, y en eso creo que tenemos que desarrollar
una buena línea imaginativa, que le demos un poco de ruptura
de tensión a la realidad que se vive en el hospital por muchas
de los familiares que ven apagarse a sus seres queridos.
Y eso, a veces, supone hacer surgir escenas esperpénticas de
lo más variadas. La escena que ha ocurrido hoy ha ido por
esta línea.
Una mujer está sentada en un banco de una de las terrazas
del último piso. Entre sus manos tiene una tela en la que, luego
veré, está realizando un precioso bordado. Está acompañada
de su hija y frente a uno de los paisajes más bonitos que se
pueden contemplar desde el hospital. El día, con una buena
temperatura y el cielo sin nubes, anima a estar relajado.
Me fijo en la escena y desde la puerta que da paso a la terraza
y con la voz más grave que puedo, le digo: “Chisss. Está
prohibido trabajar en el hospital”. El susto que se lleva la señora
es tal, que deja inmediatamente la labor que venía realizando
y ni se atreve a mirarme. Mi sorpresa, por la situación
que he creado, es tal que me acerco a ella con una gran carcajada
y haciéndole ver que era una broma. Esto hace que mi
carcajada se vea acompañada por las risas de madre e hija,
que se sienten liberadas de la tensión producida.
Horas más tarde veo a ambas acompañando a marido y
padre en la habitación donde éste se encuentra. La señora
sigue con su bordado y se me ocurre decirle “¿para qué son
las normas? La hija, con la rapidez de un rayo, contesta: “para
saltárselas”. Bueno, hemos establecido una relación cercana
de una manera curiosa, que producirá sus frutos cuando lleguen
los momentos difíciles, que llegarán. Estaremos juntos
y al lado de quien se encuentra postrado en cama.

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