Mujeres gitanas se convierten en monitoras de salud dentro de su comunidad

Una treintena de mujeres gitanas se han formado como monitoras para trasladar la importancia de cambiar hábitos alimenticios tradicionales y la necesidad de hacer ejercicio entre este colectivo cuya esperanza de vida está entre 10 y 20 años por debajo de la media del resto de la población vasca.

Las “monitoras” en salud forman parte de la línea específica destinada a la etnia gitana, constituida en Euskadi por unas 14.000 personas, que ha puesto en marcha el Departamento de Salud dentro del programa genérico “Paciente Activo”.

Esta iniciativa busca “empoderar” a personas que padecen enfermedades crónicas mediante talleres en los que le se forma en salud para que posteriormente transmiten los conocimientos adquiridos al colectivo al que pertenecen.

Desde su inicio en 2013 “Paciente Activo” ha atendido a 4.500 pacientes a través de 300 monitores.

El consejero de Salud, Jon Darpón, se ha reunido hoy en el centro Txara de San Sebastián con mujeres gitanas que se están formando en alimentación y hábitos saludables destinados a mejorar la calidad de vida de su colectivo.

“Es muy importante que la población gitana, como parte de la población vasca” mejore su esperanza de vida, entre 10 y 20 años por debajo de la media de la comunidad autónoma que se sitúa en 85 años entre las mujeres y 80 en los hombres, ha explicado Darpón.

La forma de llegar a esta comunidad es a través de la “propia población gitana” y por ello han sido incorporados al programa de “Paciente Activo”.

En total son 14 monitoras en Gipuzkoa y 12 en Bizkaia que asisten a los dos cursos que se desarrollan en San Sebastián y al que tiene lugar en Otxarkoaga (Bilbao).

“Nos tenemos que cuidar. ¡Quién no quiere llegar a los 85!”, ha señalado a los medios de comunicación Victoria Jiménez, una de las monitoras asistentes a los talleres que ha reconocido que en su casa ya ha puesto en marcha nuevas pautas que han empezado por prohibir la Coca Cola, comer más verdura, más pescado y cenar poco.

La nueva monitora de salud ha reconocido que los gitanos “no hacen deporte” y tienen costumbres “que llevan desde muy atrás”.

“No se puede cambiar de un día para otro”, pero “un gitano puede decir a otro gitano” lo que debe hacer porque “tenemos nuestras claves y nos entendemos”, ha señalado Jiménez.

Darpón ha explicado que el colectivo gitano hace una vida más sedentaria, consume más grasas y más sal y también participan menos en programas de prevención como el cribado del cáncer de colon.

Esto hace que la incidencia de la diabetes, la hipercolesterolemia, la hipertensión o la obesidad sea mayor y la mortalidad por incidencias cardiovasculares sea más temprana, ha agregad

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